Pero al bajar las escalas era como otro mundo. Con el clásico puesto de cabritas, grandes carteles de películas y lo mejor, unos sillones inmensos en donde esperar por la función.
Además, mientras esperábamos salían parejas de abuelitos, quienes se despedían con un educado Buenas Noches. Muy tierno.
Entramos a la sala y aunque los asientos no eran tan tan cómodos, igual salvaban. Y empezó la película: Mi hermano es hijo único.
Siguiendo el estilo de mi amigo Miguel, la cinta es sublime. Solo puedo decir: veanla.
Super Aviso: La entrada solo cuesta dos mil pesitos para estudiantes, y los miércoles a 1700. Gracias.




